RESEÑA
CAPÍTULO 1 Y 2, “¿QUÉ ESTÁ HACIENDO INTERNET CON NUESTRAS MENTES?”
Si hay algo evidente en la historia del desarrollo de la sociedad,
ha sido la manera cómo la tecnología se ha ido apoderando del centro de
atención de dicho desarrollo, abarcando así el centro más deslumbrante para
todos nosotros. Como toda innovación, la entrada de la tecnología cada vez con
más fuerza a nuestras vidas, ha producido mucha controversia y diferentes
puntos de vista. Los fanáticos de todas estas innovaciones, han destacado la
entrada de todo un tipo de información mucho más accesible mientras que los que
no confían en este nuevo tipo de implantaciones para recibir nueva información,
afirman que se está empobreciendo la
calidad de la información recibida y que todas estas nuevas “herramientas” lo
que están haciendo en el proceso que ha tenido la cultura desde la aparición de
la escritura. Lejos de querer tomar alguna postura específica en el asunto, se
debe tener en cuenta que ahora que cada día salen medios más innovadores para
presentar la información, el contenido como tal de los medios ha pasado a
segunda plana y lo que realmente llama la atención es el modo en el que se es
presentado lo que se dice. Esto demuestra que los seres humanos no hemos dejado
abrumar por las nuevas tecnologías ha tal punto que ya casi no nos importa lo
que dichos medios nos presenten si no, la presencia del medio como tal y la
influencia que éste puede llegar a ejercer en nosotros. Dicha influencia, claro
está, pocas veces es percibida por nuestras mentes; estamos tan cómodos
viviendo en el ideal de que todas las innovaciones nos han hecho el camino
mucho más fácil, que poco nos hemos detenido a pensar en el otro tipo de
consecuencias que estas nuevas apariciones pueden tener sobre nuestras mentes.
El primer capítulo, HAL y yo del libro ¿Qué está haciendo
Internet con nuestras mentes?, comienza planteando un punto muy válido sobre
los efectos que ha tenido la entrada de toda esta tecnología en nuestras
mentes. Las personas nos hemos vuelto facilistas frente al método que
utilizamos para obtener la información que queremos. Anteriormente sabíamos que
si queríamos adquirir conocimiento sobre cierto tema, debíamos recurrir a la
lectura de uno o varios libros hasta encontrar la información requerida. Sin
embargo, con la aparición del Internet todo estos “pre-requisitos” existentes
para obtener conocimiento, se han desvanecido. Las páginas web nos han
comenzado a acostumbrar que estamos tan sólo a unos pocos clics de conseguir lo
que estamos buscando, sin la necesidad de pasar horas enteras leyendo un libro
para descubrir que de 200 páginas, la información que vamos a utilizar, se
encontraba en 3 párrafos. Google, como bien lo dice el capítulo, citando a
Heather Pringle, “es un don asombroso para la humanidad, que reúne y concentra
información e ideas que antes estaban tan ampliamente diseminadas por el mundo
que prácticamente nadie podía beneficiarse de ellas.” (Pringle, p. 18) . Teniendo en
cuenta esta cita, se puede hacer una perspectiva general de la manera cómo
ahora vemos a la nueva tecnología. Nos hemos visto tan envueltos en la idea de
que los medios tecnológicos nuevos son la mejor forma de obtener el
conocimiento de forma rápida y concisa, que no nos hemos percatado de la
influencia que está causando el recibir la información de esta forma, en
nuestras mentes. Debemos que reconocer que aparte de la pereza que nos da
ponernos a buscar un libro en la biblioteca para una tarea, la otra razón por
la que preferimos buscar en Google, es el simple hecho de que somos conscientes
que ya no tenemos la concentración suficiente para leernos un libro completo en
búsqueda de algo que en una página web se nos será entrega en aproximadamente 4
párrafos. Hemos perdido cualquier capacidad de análisis y de leer entre líneas
porque no han adaptado a que toda la información se entrega desmenuzada y
concreta. Ya nadie va más allá de lo que necesite averiguar, el conocimiento de
las personas se ha comenzado a volver mediocre porque la gente se conforma con
saber lo necesario y ya. Nos hemos dejado atraer por las computadoras y sus
“maravillas”, como las mariposas se dejan atraer por la luz. Estamos tan
absortos en su resplandor que nunca nos detenemos a pensar en el daño que esa
pantalla llena de hipervínculos le puede hacer a la forma en la que pensamos.
Si bien es cierto que el quemón de la mariposa con la luz es uno solo y se
acabó la fascinación, en nosotros el efecto es aún peor ya que hemos tenido la
“habilidad” de mantenernos fascinados a aquella luz que emite el ordenador por
un tiempo suficiente, para que éste comience a cambiar lo que antes era nuestro
cerebro y su dinámica de recopilar conocimiento. ¿Llegaremos como el autor del
libro, alguna vez a extrañar nuestro antiguo cerebro?
El segundo capítulo por su parte, nos refiere al desarrollo
de una hipótesis sobre la recopilación de información en el cerebro que nos da
una idea más clara de la forma en la que las nuevas tecnologías pueden estar
afectando nuestra manera de pensar. El capítulo comienza contando la
experiencia de Nietzsche, quien al verse incapacitado a seguir escribiendo a
mano, tuvo que adaptar sus hábitos a la máquina de escribir para luego recibir
opiniones sobre cómo, a partir de ese cambio, la manera en la que redactaba y
presentaba sus ideas había así mismo cambiado. De esta forma, se infirió que el
pensamiento va atado en cierta manera a las herramientas con las que se tenga
contacto. Fue a partir de este momento que apareció el interminable debate
sobre si es posible ejercer algún tipo de influencia sobre el cerebro o no. Con
respecto a esto se tienen dos puntos de vista claros; los racionalistas, que
pueden ir de la mano de aquellos científicos que mantienen la hipótesis de que
el cerebro no concibe ninguna especie de cambio desde su formación, que
establecen a sí mismo, que venimos con una plantilla incorporada a la cual se
le atribuye la manera como finalmente percibimos el mundo, y los empiristas,
que van de la mano de los que sostienen la posibilidad de cambio en el
“cableado” del cerebro, mantienen su postura sobre que somos una especie de
tablero en blanco que se va rellenando en base a nuestras experiencias, “Dicho
en términos más familiares, son un producto de la cultura, no de la
naturaleza.” (Carr, p. 43) .
Finalmente, se llegó a la conclusión de que somos un poco de ambas teorías, si
bien en nuestros genes existen ciertas determinaciones del tipo de conexiones
que han de crear nuestras neuronas, así mismo, las experiencias también
determina la fortaleza de cada conexión establecida. De esta forma se
estableció que efectivamente el cerebro sí es un órgano maleable y que está
expuesto a que factores externos influyan en él. No podemos esperar que a lo
largo de nuestras vidas todas las experiencias y situaciones por las que pasamos
no produzcan ningún efecto en nosotros y nuestra forma de ver las cosas. De la
misma forma, debemos tener en cuenta que parte de esas experiencias por las que
transitamos en toda nuestra existencia van acompañadas de una evolución en la
cultura de la cual hace parte el desarrollo tecnológico. Si bien decía
Nietzsche que su máquina de escribir estaba influyendo en la manera cómo
pensaba y presentaba sus ideas, puede aplicarse de igual forma el caso a
nosotros y la forma en la que nuestro cerebro piensa a partir de la utilización
de herramientas tales como el Internet. Estamos sin embargo, en un estado de
negación en el que nos consideramos intocables a cualquier factor externo.
¿Quién no ha dicho que su personalidad es suficientemente fuerte para no dejarse
cambiar por nada ni por nadie?
Tenemos la falsa creencia de que como fuimos nosotros mismos
los que creamos a las máquinas, es imposible que la creación haya superado al
amo y lo gobierne a él y su forma de pensar, en cierto sentido. No obstante, si
hacemos la reflexión que ha venido haciendo el autor hasta ahora sobre cómo han
cambiado sus hábitos para recolectar información necesaria desde la aparición
de todas estas nuevas tecnologías, nos podemos empezar a preocupar también al
ver que ya no procesamos la información de igual forma. El simple hecho de
pensar que leer estas 3 páginas nos va a costar concentración que ya no
tenemos, y que preferiríamos estar leyendo un pequeño resumen de lo dicho aquí,
en Internet, ya nos puede dejar reflexionando sobre el tipo de cerebro que
estamos moldeando gracias el excesivo uso del Internet.
Bibliografía
Carr, N. (2011). ¿Qué
está haciendo Internet con nuestras mentes? . (P. Cifuentes, Trad.) Buenos
Aires, Argentina: Taurus.
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