martes, 19 de marzo de 2013

Reseña capítulo 1 y 2 "¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?"


RESEÑA CAPÍTULO 1 Y 2, “¿QUÉ ESTÁ HACIENDO INTERNET CON NUESTRAS MENTES?”

Si hay algo evidente en la historia del desarrollo de la sociedad, ha sido la manera cómo la tecnología se ha ido apoderando del centro de atención de dicho desarrollo, abarcando así el centro más deslumbrante para todos nosotros. Como toda innovación, la entrada de la tecnología cada vez con más fuerza a nuestras vidas, ha producido mucha controversia y diferentes puntos de vista. Los fanáticos de todas estas innovaciones, han destacado la entrada de todo un tipo de información mucho más accesible mientras que los que no confían en este nuevo tipo de implantaciones para recibir nueva información, afirman que  se está empobreciendo la calidad de la información recibida y que todas estas nuevas “herramientas” lo que están haciendo en el proceso que ha tenido la cultura desde la aparición de la escritura. Lejos de querer tomar alguna postura específica en el asunto, se debe tener en cuenta que ahora que cada día salen medios más innovadores para presentar la información, el contenido como tal de los medios ha pasado a segunda plana y lo que realmente llama la atención es el modo en el que se es presentado lo que se dice. Esto demuestra que los seres humanos no hemos dejado abrumar por las nuevas tecnologías ha tal punto que ya casi no nos importa lo que dichos medios nos presenten si no, la presencia del medio como tal y la influencia que éste puede llegar a ejercer en nosotros. Dicha influencia, claro está, pocas veces es percibida por nuestras mentes; estamos tan cómodos viviendo en el ideal de que todas las innovaciones nos han hecho el camino mucho más fácil, que poco nos hemos detenido a pensar en el otro tipo de consecuencias que estas nuevas apariciones pueden tener sobre nuestras mentes.

El primer capítulo, HAL y yo del libro ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, comienza planteando un punto muy válido sobre los efectos que ha tenido la entrada de toda esta tecnología en nuestras mentes. Las personas nos hemos vuelto facilistas frente al método que utilizamos para obtener la información que queremos. Anteriormente sabíamos que si queríamos adquirir conocimiento sobre cierto tema, debíamos recurrir a la lectura de uno o varios libros hasta encontrar la información requerida. Sin embargo, con la aparición del Internet todo estos “pre-requisitos” existentes para obtener conocimiento, se han desvanecido. Las páginas web nos han comenzado a acostumbrar que estamos tan sólo a unos pocos clics de conseguir lo que estamos buscando, sin la necesidad de pasar horas enteras leyendo un libro para descubrir que de 200 páginas, la información que vamos a utilizar, se encontraba en 3 párrafos. Google, como bien lo dice el capítulo, citando a Heather Pringle, “es un don asombroso para la humanidad, que reúne y concentra información e ideas que antes estaban tan ampliamente diseminadas por el mundo que prácticamente nadie podía beneficiarse de ellas.” (Pringle, p. 18). Teniendo en cuenta esta cita, se puede hacer una perspectiva general de la manera cómo ahora vemos a la nueva tecnología. Nos hemos visto tan envueltos en la idea de que los medios tecnológicos nuevos son la mejor forma de obtener el conocimiento de forma rápida y concisa, que no nos hemos percatado de la influencia que está causando el recibir la información de esta forma, en nuestras mentes. Debemos que reconocer que aparte de la pereza que nos da ponernos a buscar un libro en la biblioteca para una tarea, la otra razón por la que preferimos buscar en Google, es el simple hecho de que somos conscientes que ya no tenemos la concentración suficiente para leernos un libro completo en búsqueda de algo que en una página web se nos será entrega en aproximadamente 4 párrafos. Hemos perdido cualquier capacidad de análisis y de leer entre líneas porque no han adaptado a que toda la información se entrega desmenuzada y concreta. Ya nadie va más allá de lo que necesite averiguar, el conocimiento de las personas se ha comenzado a volver mediocre porque la gente se conforma con saber lo necesario y ya. Nos hemos dejado atraer por las computadoras y sus “maravillas”, como las mariposas se dejan atraer por la luz. Estamos tan absortos en su resplandor que nunca nos detenemos a pensar en el daño que esa pantalla llena de hipervínculos le puede hacer a la forma en la que pensamos. Si bien es cierto que el quemón de la mariposa con la luz es uno solo y se acabó la fascinación, en nosotros el efecto es aún peor ya que hemos tenido la “habilidad” de mantenernos fascinados a aquella luz que emite el ordenador por un tiempo suficiente, para que éste comience a cambiar lo que antes era nuestro cerebro y su dinámica de recopilar conocimiento. ¿Llegaremos como el autor del libro, alguna vez a extrañar nuestro antiguo cerebro? 

El segundo capítulo por su parte, nos refiere al desarrollo de una hipótesis sobre la recopilación de información en el cerebro que nos da una idea más clara de la forma en la que las nuevas tecnologías pueden estar afectando nuestra manera de pensar. El capítulo comienza contando la experiencia de Nietzsche, quien al verse incapacitado a seguir escribiendo a mano, tuvo que adaptar sus hábitos a la máquina de escribir para luego recibir opiniones sobre cómo, a partir de ese cambio, la manera en la que redactaba y presentaba sus ideas había así mismo cambiado. De esta forma, se infirió que el pensamiento va atado en cierta manera a las herramientas con las que se tenga contacto. Fue a partir de este momento que apareció el interminable debate sobre si es posible ejercer algún tipo de influencia sobre el cerebro o no. Con respecto a esto se tienen dos puntos de vista claros; los racionalistas, que pueden ir de la mano de aquellos científicos que mantienen la hipótesis de que el cerebro no concibe ninguna especie de cambio desde su formación, que establecen a sí mismo, que venimos con una plantilla incorporada a la cual se le atribuye la manera como finalmente percibimos el mundo, y los empiristas, que van de la mano de los que sostienen la posibilidad de cambio en el “cableado” del cerebro, mantienen su postura sobre que somos una especie de tablero en blanco que se va rellenando en base a nuestras experiencias, “Dicho en términos más familiares, son un producto de la cultura, no de la naturaleza.” (Carr, p. 43). Finalmente, se llegó a la conclusión de que somos un poco de ambas teorías, si bien en nuestros genes existen ciertas determinaciones del tipo de conexiones que han de crear nuestras neuronas, así mismo, las experiencias también determina la fortaleza de cada conexión establecida. De esta forma se estableció que efectivamente el cerebro sí es un órgano maleable y que está expuesto a que factores externos influyan en él. No podemos esperar que a lo largo de nuestras vidas todas las experiencias y situaciones por las que pasamos no produzcan ningún efecto en nosotros y nuestra forma de ver las cosas. De la misma forma, debemos tener en cuenta que parte de esas experiencias por las que transitamos en toda nuestra existencia van acompañadas de una evolución en la cultura de la cual hace parte el desarrollo tecnológico. Si bien decía Nietzsche que su máquina de escribir estaba influyendo en la manera cómo pensaba y presentaba sus ideas, puede aplicarse de igual forma el caso a nosotros y la forma en la que nuestro cerebro piensa a partir de la utilización de herramientas tales como el Internet. Estamos sin embargo, en un estado de negación en el que nos consideramos intocables a cualquier factor externo. ¿Quién no ha dicho que su personalidad es suficientemente fuerte para no dejarse cambiar por nada ni por nadie?

Tenemos la falsa creencia de que como fuimos nosotros mismos los que creamos a las máquinas, es imposible que la creación haya superado al amo y lo gobierne a él y su forma de pensar, en cierto sentido. No obstante, si hacemos la reflexión que ha venido haciendo el autor hasta ahora sobre cómo han cambiado sus hábitos para recolectar información necesaria desde la aparición de todas estas nuevas tecnologías, nos podemos empezar a preocupar también al ver que ya no procesamos la información de igual forma. El simple hecho de pensar que leer estas 3 páginas nos va a costar concentración que ya no tenemos, y que preferiríamos estar leyendo un pequeño resumen de lo dicho aquí, en Internet, ya nos puede dejar reflexionando sobre el tipo de cerebro que estamos moldeando gracias el excesivo uso del Internet.

Bibliografía
Carr, N. (2011). ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? . (P. Cifuentes, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Taurus.

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